A Gerardo lo conocí al cuarto día de que llegué a Santiago.
La historia me parece por demás mágica y va así: Después de un fallido (fallidísimo) intento por obligarme a mi misma a ser una persona normal (lo que sea que eso signifique) y hacerme amiga de los compañeros de intercambio en el marco de un evento de bienvenida con hamburguesas, payasos y concursos de baile, terminé sola sentada en una mesa y preguntándome: ¿dios por qué no puedo ser como la mayoría?
en eso se acercan dos tipos: un bajito rubio y un moreno alto de gafas.
El tipo de gafas se llama Gerardo, y lo primero de lo que se le ocurre hablar es de John Nash, nos explica que Nash es matemático y recibió el Premio Novel de Economía en 1994, nos habla de su tesis de doctorado, Gerardo tiene la tesis descargada en pdf en su celular y comienza a explicarla.
Ese gesto suyo me decía: "no lo dejes ir, no lo dejes ir; es el tipo de persona que realmente quieres como amigo".
Después le pregunté a lo tonto en que parte de la ciudad vivía y me dijo: Santa Lucía.
-No mames, yo también. ¿En qué calle?
Me dijo calle y número de edificio. Me sonaba familiar. Saqué mi mapa.
-No mames vivo en el mismo edificio.
El mismo puto edificio de entre un puterisimo de edificios que existen en todo puto Santiago
Eso es de película,
Desde allí empezó todo. Considero a Gerardo mi mejor amigo de Santiago.
Gerardo es del Distrito Federal, específicamente de <<la cuna de la Mexicaneidad>>.
De las personas que fueron más amables conmigo en Santiago, siempre me decía:
"Yuyis: ¿qué quieres que te prepare?"
y me hacía de comer, me preparaba cosas lo más mexicano posible y entonces yo era feliz.
Nos gustan las mismas caricaturas y nos gusta Bukowski y somos tan outsider y antisociales como Santiago contaminado es, siempre nos encontrábamos en la escuela o nos reuníamos en su depa o en el mío. Íbamos al súper, a San Borja, tomábamos micro juntos, veíamos películas.
Gerardo es una persona muy compleja, me gustaba que me contará cosas súper personales, me gustaba platicar en las noches tomando un té y claro que también me gusto aquel monumental blackout que nos dimos con tantos litros de vino tinto.
Otra coincidencia rara: John Nash se murió al poco tiempo.
Gerardo siempre estuvo para apoyarme, alimentándome, pichandome, me disparó mi primer terremoto y siempre me apoyo con varo y con galanes. De hecho, en mi último día me regaló una llamita pequeña de sal traída de Bolivia y se ofreció a llevarme al aeropuerto a pesar de nuestra previa noche de Piojera y pacientemente empaco mis maletas una y otra vez, doblando mi ropa y pesándolas hasta que dieran los 23 kilogramos.
Gerardo: si lees esto,
"espero que llegues a donde quieres ir y seas feliz allí" (On The Road, Kerouac, J.)
recuerda que prometimos ir a Colombia juntos. Te quiero, gracias por todo.
